Frases

10 poemas de amor que tienes que leer antes de morir

 

XLVI

Sra Bebi

 

Tu y yo nunca

pensamos que siempre,

pero siempre, fuimos un ojalá;

tú lo sabes,

lo sé yo.

Por ese ojalá cobarde

que siempre fuimos,

a partir de hoy,

nunca seremos un por fin,

siempre seremos un jamás.

 

SONETO V

Garcilaso de la Vega

Escrito está en mi alma vuestro gesto,
y cuanto yo escribir de vos deseo;
vos sola lo escribisteis, yo lo leo
tan solo, que aun de vos me guardo en esto.

En esto estoy y estaré siempre puesto;
que aunque no cabe en mí cuanto en vos veo,
de tanto bien lo que no entiendo creo,
tomando ya la fe por presupuesto.

Yo no nací sino para quereros;
mi alma os ha cortado a su medida;
por hábito del alma mismo os quiero.

Cuanto tengo confieso yo deberos;
por vos nací, por vos tengo la vida,
por vos he de morir, y por vos muero.

 

DESEO

Federico García Lorca

 

Sólo tu corazón caliente,
Y nada más.
Mi paraíso, un campo
Sin ruiseñor
Ni liras,
Con un río discreto
Y una fuentecilla.

Sin la espuela del viento
Sobre la fronda,
Ni la estrella que quiere
Ser hoja.

Una enorme luz
Que fuera
Luciérnaga
De otra,
En un campo de
Miradas rotas.

Un reposo claro
Y allí nuestros besos,
Lunares sonoros
Del eco,
Se abrirían muy lejos.

Y tu corazón caliente,
Nada más.

 

AMOR MUERTO

Dead Love, Elizabeth Siddal

 

Nunca llores por un amor muerto,

Ya que rara vez el amor es verdadero.

Él cambia sus ropas del rojo al azul,

Y del más brillante azul al rojo,

El amor ha nacido a una muerte prematura,

Y rara vez es sincero.

 

Entonces no ancles tu sonrisa

En su pálido rostro descarnado,

Para exhalar el más profundo de los suspiros.

Las palabras justas en labios sinceros

Pasarán, y sin dudas morirán;

Y tu estarás sola, mi querida,

Cuando se desaten los vientos invernales.

Nunca lamentes aquello que no puede ser,

Pues este Dios no regala dones.

Si el simple sueño del amor fuese cierto,

Entonces, dulzura, estaríamos en el Cielo,

Pero aquí sólo hay tierra, mi querida,

Donde el verdadero amor rara vez crece.

 

 David Sant

 

Entiéndame,

Me arranco

el corazón,

me lo robo

y no me lo

ha devuelto.

Desde entonces

sigo sus pasos

con la esperanza

de que me lo devuelva, o tal

vez no.

 

LA ENAMORADA

Alejandra Pisarnik

 

ante la lúgubre manía de vivir

esta recóndita humorada de vivir

te arrastra Alejandra no lo niegues.

 

hoy te miraste en el espejo

y te fuiste triste estabas sola

y la luz rugía el aire cantaba

pero tu amado no volvió

 

enviarás mensajes sonreirás

tremolarás tus manos así volverá

tu amado tan amado

 

oyes la demente sirena que lo robó

el barco con barbas de espuma

donde murieron las risas

recuerdas el último abrazo

oh nada de angustias

ríe en el pañuelo llora a carcajadas

pero cierra las puertas de tu rostro

para que no digan luego

que aquella mujer enamorada fuiste tú

 

te remuerden los días

te culpan las noches

te duele la vida tanto tanto

desesperada ¿adónde vas?

desesperada ¡nada más!

 

MIRÁNDONOS

(Soneto)

A Conchita Bruzual Serra.

 

Cruz María Salmerón Acosta

Entre tus ojos de esmeraldas vivas

te miro el alma, de ilusiones llena,

como entre dos cisternas pensativas

se ve del cielo la extensión serena.

 

El colibrí de tu mirada riela

sobre el agua enturbiada de mis ojos,

y de tus célicas mejillas vuela

un crepúsculo rosa de sonrojos.

 

Hilo por hilo la ilusión devana

y urde sueños de fina filigrana

la araña de mi vaga fantasía.

 

Porque cuando me miras y te miro,

sale volando tu alma en un suspiro

y embriagada de amor cae la mía.

 

César Ortiz

 

Y quizás

Lo mejor sea pensar

Que nunca vamos a morir.

 

Y hacer el amor

Todas las noches,

Como si estas

Fueran a ser infinitas.

 

ESPERO CURARME DE TI

Jaime Sabines

 

Espero curarme de ti en unos días. Debo dejar de fumarte, de beberte, de pensarte. Es posible. Siguiendo las prescripciones de la moral en turno. Me receto tiempo, abstinencia, soledad.

¿Te parece bien que te quiera nada más una semana? No es mucho, ni es poco, es bastante. En una semana se puede reunir todas las palabras de amor que se han pronunciado sobre la tierra y se les puede prender fuego. Te voy a calentar con esa hoguera del amor quemado. Y también el silencio. Porque las mejores palabras del amor están entre dos gentes que no se dicen nada.

Hay que quemar también ese otro lenguaje lateral y subversivo del que ama. (Tú sabes cómo te digo que te quiero cuando digo: «qué calor hace», «dame agua», «¿sabes manejar?», «se hizo de noche»… Entre las gentes, a un lado de tus gentes y las mías, te he dicho «ya es tarde», y tú sabías que decía «te quiero»).

Una semana más para reunir todo el amor del tiempo. Para dártelo. Para que hagas con él lo que quieras: guardarlo, acariciarlo, tirarlo a la basura. No sirve, es cierto. Sólo quiero una semana para entender las cosas. Porque esto es muy parecido a estar saliendo de un manicomio para entrar a un panteón.

 

 LOS AMANTES

Julio Cortázar

¿Quién los ve andar por la ciudad

si todos están ciegos?

Ellos se toman de la mano: algo habla

entre sus dedos, lenguas dulces

lamen la húmeda palma, corren por las falanges,

y arriba está la noche llena de ojos.

 

Son los amantes, su isla flota a la deriva

hacia muertes de césped, hacia puertos

que se abren entre sábanas.

Todo se desordena a través de ellos,

todo encuentra su cifra escamoteada;

pero ellos ni siquiera saben

que mientras ruedan en su amarga arena

hay una pausa en la obra de la nada,

el tigre es un jardín que juega.

 

Amanece en los carros de basura,

empiezan a salir los ciegos,

el ministerio abre sus puertas.

Los amantes rendidos se miran y se tocan

una vez más antes de oler el día.

 

Ya están vestidos, ya se van por la calle.

Y es sólo entonces

cuando están muertos, cuando están vestidos,

que la ciudad los recupera hipócrita

y les impone los deberes cotidianos.